La autocompasión no solo es buena para el alma y la mente, sino que también tiene efectos muy beneficiosos para el cuerpo, según ha demostrado recientemente un estudio de la Universidad de Pittsburgh. Un grupo de científicos de esta institución educativa estadounidense ha comprobado que la autocompasión es una práctica que reduce el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares en mujeres.

Rebecca Thurston

Rebecca Thurston

Para llevar a cabo este estudio, del que se ha hecho eco el diario La Vanguardia, los investigadores compararon parámetros fisiológicos de riesgo, como el grosor de las arterias carótidas y su acumulación de placa, con herramientas psicológicas de resiliencia en casi 200 mujeres de mediana edad.

«Evaluamos estas asociaciones en una población clave que a menudo experimenta desafíos tanto en su salud psicológica como física, y que puede beneficiarse de una intervención preventiva», ha explicado Rebecca Thurston, profesora de investigación en psiquiatría y psicología de la Universidad de Pittsburgh y coautora del estudio publicado en Health Psychology.

Los científicos reclutaron a 195 mujeres entre 45 y 67 años, a las que preguntaron con cuánta frecuencia experimentaban sentimientos negativos de autodecepción y defectos autopercibidos. También les preguntaron si se cuidaban siendo amables consigo mismas en momentos difíciles, y cómo lo hacían. Si se calmaban o trataban de calmarse a sí mismas para sobrellevar situaciones que pudieran desbordarlas. Si meditaban o practicaban la atención plena. Si se calmaban a sí mismas con complacencia o compasión.

Por otro lado, los investigadores realizaron ecografías de las arterias carótidas de las mujeres participantes en el estudio. De esta forma midieron el grosor de esos vasos sanguíneos, que son los que realizan una mayor aportación de sangre al cerebro, y también evaluaron la acumulación de placa en los mismos. Estos indicadores pueden detectar el riesgo de enfermedad cardiovascular, como los ataques de corazón o accidentes cerebrovasculares.

El equipo de la Universidad de Pittsburgh comprobó que aquellas mujeres que eran más compasivas consigo mismas tenían las paredes de las arterias carótidas más delgadas y acumulaban menos placa que las que lo eran menos.

«Estos resultados señalan la importancia de la autocompasión para la salud cardiovascular de las mujeres», ha comentado la doctora Thurston. «Dado que la autocompasión es modificable, nuestros resultados apuntan a áreas potencialmente prometedoras para futuras intervenciones, como potenciar la autocompasión para mejorar la salud cardiovascular de las mujeres a medida que envejecen», ha añadido.

Para los autores del estudio, las investigaciones futuras que vayan en esta línea deberían incluir tanto a hombres como a mujeres de más nacionalidades y etnias. También proponen relacionar el papel de las prácticas de resiliencia en otros sistemas fisiológicos, como las alteraciones del sistema nervioso autónomo o la inflamación, entre otros.