El trabajo y los estudios pasan factura a la juventud española. Casi tres de cada diez (29%) aseguran que padecen estrés laboral o académico de manera continua y uno de cada cuatro (25%), ansiedad. Además, el 20% duerme mal casi todos los días y están quemados; es decir, son víctimas del síndrome ‘burnout’ (agotamiento mental y emocional).

Así lo revela una encuesta realizada por Fad Juventud y la Fundación Pfizer entre 1.200 jóvenes con edades comprendidas entre 15 y 29 años, que ha sido recogida por el diario El Día. Los salarios bajos, la falta de oportunidad para adquirir experiencia y la dificultad para emanciparse del hogar paterno y materno no contribuyen, precisamente, a mejorar la situación.

Emancipación y desigualdad de género

El último estudio del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España (CJE), publicado en agosto, confirmó el escenario crítico en el que se encuentran las nuevas generaciones, dado que el 85% de los menores de 30 años siguen en casa de sus madres o padres por culpa, básicamente, de la vivienda y sus precios inasequibles.

El panorama es todavía más oscuro para las chicas. Ellas participan más en el mercado laboral que los chicos (64% frente a 51%), pero en peores condiciones: un 32% cobra menos de 1.100 euros al mes frente al 20% de ellos. Además, el estrés les golpea con más fuerza (casi 40% frente a 17%).

Presión académica y síndrome del impostor

La sobrecarga emocional no afecta solo a los que tienen un pie ya en el mercado laboral. Los que estudian también están presionados. El 40% reconoce que la presión por obtener buenos resultados académicos es el factor que más impacta negativamente en su salud física y mental. Una vez más, las chicas están más presionadas, especialmente por la dificultad de compaginar los estudios con otras responsabilidades y la incertidumbre por su futuro laboral.

El estrés y la ansiedad que reconocen los encuestados no implican necesariamente un trastorno psicológico diagnosticado clínicamente, sino una percepción de síntomas. El 30% considera que tiene normalizado el estrés en su vida y un 27% está convencido de sufrir el síndrome del impostor, que implica ser perfectamente válido para el trabajo pero sentirse incapaz de llevarlo a cabo con competencia.

Salud física y carga laboral

La salud mental no es la única que está tocada entre los más jóvenes. La mitad (48%) sufre dolores musculares recurrentes por el esfuerzo postural y el 40% padece fatiga o falta de descanso, especialmente entre quienes trabajan y estudian a la vez. De todos los encuestados, más de la mitad tienen trabajo, porcentaje que alcanza el 64% en el caso de los que estudian y, además, tienen empleos esporádicos. El 18% solo se dedica a estudiar.

A pesar de los problemas emocionales y físicos que revelan los jóvenes, la salud es su prioridad número uno, por delante de la estabilidad laboral y la disponibilidad de tiempo libre. Estos tres objetivos vitales están muy por encima de otros, como el desarrollo profesional o el éxito laboral. De hecho, la vocación es la motivación principal (35%) a la hora de escoger sus estudios, por delante del hecho de ser una carrera universitaria o un ciclo de FP que permite encontrar empleo con relativa facilidad (23%). El 20% asegura que eligió la formación académica por influencia de su madre o padre y el 15% porque no sabía qué otros estudios cursar.

Conciliación y cambio generacional

El informe también refleja la importancia de la conciliación, con independencia de que se piense en tener hijos en el futuro o no. A la hora de elegir un empleo, más de un tercio de la juventud (34,8%) señala que lo más relevante es que les permita compatibilizar su vida laboral con la personal, por encima de tener ingresos elevados o prestigio profesional.

“La juventud prioriza la conciliación y el tiempo libre frente al desarrollo profesional o el éxito, lo que refleja un cambio generacional en la centralidad del empleo. Existe un amplio consenso: lo más valorado en un empleo es que deje tiempo personal, sea seguro y estable, tenga buen ambiente y buen salario. Refleja un cambio: el trabajo pierde centralidad frente al ocio y el autocuidado”, concluye el informe.

“Las y los jóvenes nos están diciendo con claridad que su bienestar no es negociable. La sociedad tiene la responsabilidad de ofrecerles oportunidades laborales que les permitan crecer profesionalmente sin renunciar a su salud ni a su vida personal”, asegura la directora general de Fad Juventud, Beatriz Martín Padura.

Precariedad y salud física

En términos económicos, la realidad continúa marcada por la precariedad. De todos los jóvenes con empleo, más de uno de cada cuatro cobra menos de 1.100 euros al mes, con marcadas diferencias entre ellos y ellas. En esta franja salarial se encuentran el 32% de chicas frente al 20% de chicos. El 43% de los encuestados con empleo gana entre 1.100 y 1.800 euros, el 21%, entre 1.800 y 2.700 euros, y solo el 8% percibe más de 2.700 euros.

Respecto a los problemas de salud física, el informe subraya que los dolores musculoesqueléticos continuos se incrementan con la edad: del 11% en jóvenes de entre 15 y 19 años se pasa al 18% en el grupo de entre 25 y 29. En todo caso, los problemas de salud vinculados a la actividad laboral o formativa muestran mayor prevalencia entre las chicas. El 22% de ellas padece dolores de forma continua y un 21,3% tiene problemas de visión. En el caso de los chicos, el porcentaje es del 7% y 16%, respectivamente.