Alejandro MorenoAlejandro Moreno

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El sistema penitenciario es algo que me ha llamado la atención desde que era joven. No sé exactamente las razones, pero el hecho de tener que encerrar a seres humanos en unos recintos porque han cometido delitos, con lo que quedaba demostrado que no podían vivir en sociedad, y el sufrimiento que todo esto acarrea a internos, víctimas y familias de ambos, siempre me ha parecido de difícil gestión.

Escribiendo este documento, estoy recordando que, con 17 o 18 años, leí un artículo, creo que en Cambio16, revista que los más mayores recordaréis, sobre una prisión en Suecia, donde se utilizaba terapia con perros para trabajar en la rehabilitación de los reclusos. Este término, rehabilitación, también me llama mucho la atención, ¿realmente se puede rehabilitar a un ser humano de sus impulsos, en algunos casos de los más primitivos?

Quizás todas estas reflexiones han sido las que finalmente me han llevado a impartir programas de MBSR en cárceles españolas. Una apuesta pionera que, como veréis en el resumen del estudio que os presento, ha dado muy buenos frutos. Pero antes de llegar hasta aquí, permitirme que os dé unas pinceladas de cuál ha sido mi trayectoria hasta que llegué al Mindfulness.

Durante 40 años estuve trabajando en una entidad financiera, hasta que un accidente de tráfico me sacó de esta ocupación. Comencé a trabajar a los 14 años y en los últimos 25 años desarrollé mi labor en puestos directivos, tanto en España como en el Reino Unido.

En el año 2006 realicé un Máster de Estudios Financieros en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), iniciando a la vez la carrera de Filosofía en la Universidad de Sevilla, fue en ese periodo en el que comenzó mi interés por el pensamiento oriental y las relaciones entre las diferentes creencias del mundo.

Es a partir de este momento cuando empecé a realizar retiros, los primeros de ellos en el Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos), donde conviví con los monjes durante dos Semanas Santas. Fue una magnífica experiencia, una especie de máquina del tiempo que me trasladaba al siglo XI cada mañana, cuando caminaba por el claustro.

Después comencé a estudiar y a practicar budismo, y en el año 2011 me inicié en los retiros de silencio en el Monasterio Zen Luz Serena, que se encuentra en Requena (Valencia). Desde entonces acudo asiduamente a esos retiros, como mínimo una vez al año, ya que allí me reconecto con la esencia del Zen. En 2014 comencé a realizar un Plan de Estudios Budistas, dirigido por Dokusho Villalba, que es el Abad de ese monasterio.

Formación como instructor de MBSR

En el 2011 conocí a Andrés Martín Asuero, uno de los pioneros en España en la introducción de MBSR (Reducción de Estrés basado en la Atención Plena), e inicié mi formación con él en el Instituto esMindfulness. En la actualidad soy instructor de MBSR acreditado por este centro.

Durante este tiempo he impartido más de 100 programas de MBSR a profesionales de todo tipo, psicólogos, psiquiatras y a personas con alguna de las sintomatologías a las que va dirigida este programa. También colaboro con la Escuela Andaluza de Salud Pública y con la Asociación de Enfermos de Fibromialgia del Aljarafe, impartiendo programas de MBSR para ayudar a mitigar la relación con el dolor.

En el 2016 comencé a impartir cursos a empresas, dado que, en la situación actual, el nivel de exigencia y de estrés ha aumentado exponencialmente. Fue también en ese año cuando llevé a cabo una idea que tenía desde hacía mucho tiempo: impartir programas de Mindfulness en lugares donde hubiera mucho sufrimiento, como los centros penitenciarios, con el fin de intentar aliviarlo.

Todo esto, me hizo lanzarme a intentarlo. Fue bastante difícil porque, cuando me ponía en contacto con las instituciones y les hablaba de Mindfulness, la colaboración y las facilidades eran nulas. Con ayuda de una psicóloga de la prisión de Huelva que estaba muy involucrada en programas de rehabilitación de internos, solicité un permiso para hacer un programa de MBSR, y ahí me vi.

Ha sido el lugar donde más he aprendido sobre Mindfulness y, por qué no, donde más he aprendido sobre mí, de mis prejuicios, de mis esquemas mentales, en fin, de mi vulnerabilidad.

Los inicios en la cárcel

En los primeros programas, aquellos hombres me miraban con escepticismo, pero poco a poco, con respeto y con dignidad se fueron abriendo. Comenzaron a practicar desde la primera semana, con una mezcla de incredulidad y de entusiasmo, viendo los resultados desde el primer momento, en el primer escáner corporal.

Era impresionante escuchar cómo practicaban, sin audios, en sus celdas, con una disciplina y continuidad de la práctica totalmente encomiable. Cada vez teníamos más lista de espera para poder hacer los programas. La voz se iba corriendo y cada vez el programa era más popular entre la población reclusa.

En el año 2019 me matriculé en el Máster de Mindfulness de la Universidad de Zaragoza, ya que pensé que podría darme una visión más profunda de Mindfulness. Fue allí cuando se me ocurrió hacer de este voluntariado en prisiones un estudio de la viabilidad del protocolo MBSR entre los internos. Solicité los permisos correspondientes y comencé a realizar las pruebas y tests para poder llevar a cabo la investigación.

Si no recuerdo mal, en aquel entonces no había trabajos de este tipo en España.  En enero de 2020, el diario El País se interesó por mi trabajo, y unos periodistas entraron conmigo en prisión para entrevistar a los participantes, los cuales se mostraron muy abiertos y confirmaron los beneficios que les estaba reportando este entrenamiento.

También entrevistaron a los responsables de los servicios médicos del centro, quienes corroboraron que habían notado una disminución en el consumo de ansiolíticos entre los participantes del programa. Todavía teníamos previsto hacer dos grupos más, antes de terminar, pero vino la pandemia y tuve que terminar la investigación en ese momento.

Un estudio con resultados esperanzadores

Los resultados sobre la aplicación del programa MBSR en esta población fueron, a mi modo de entender, muy esperanzadores. Se han conseguido mejorar varios parámetros de una forma significativa, en algunos casos superior al 20%, como en el estrés percibido (35%).

También dentro de este porcentaje se ha mejorado en la capacidad de observación (24,78%), depresión (33,87%), autoamabilidad (26,88%), vergüenza (21,19%), culpa (20,22%) e inadecuación consigo mismo (24,62%).

Los parámetros que han mejorado entre un 10 y un 20% han sido la capacidad de darse cuenta (10,47%), no juzgar (14,78%), no reaccionar (11,82%), haciendo esto que la capacidad de Mindfulness mejore un 13%.

La ansiedad ha mejorado un 19,86%, la autocompasión un 15,08%, la seguridad en sí mismos ha aumentado un 10,16% y el odio hacia sí mismos ha mejorado un 13,91%. En cuanto a la agresividad física, ha disminuido un 16,92%, mientras que la reducción de la verbal ha sido del 12,96%. La ira ha mejorado un 17,31% y la hostilidad, un 16,96%.

Estos datos son muy satisfactorios y avalan la efectividad del MBSR en este ámbito. Considero que son unos resultados que demuestran los beneficios que podría tener para la población reclusa la implantación de este programa en las prisiones de una forma regular.

Como colofón a este trabajo, rodé con los participantes de uno de los grupos un cortometraje, titulado “Libertad en prisión”, que obtuvo el Primer Premio en la categoría de centros penitenciarios en el Festival de Cine de Daroca (Zaragoza), en la edición de 2021. En este enlace podréis ver este cortometraje, así como una pequeña introducción facilitada por mí.

A modo de conclusión final, os diré que durante todos estos años me he dado cuenta de que lo único que nos hace iguales a todos los seres humanos es el sufrimiento. Y es muy necesario que nos demos cuenta de esto, para así poder tender nuestra mano a los demás y, sobre todo, a nosotros mismos.